Capítulo 1: El decreto de las diez y tres
Cuando la punta de mi pluma por fin tocó el papel fibroso del decreto de divorcio, el reloj de pared de la oficina del mediador marcó exactamente las 10:03 de la mañana. Fue un momento estéril y extrañamente profundo. No hubo lágrimas de película, ni grandes estallidos dramáticos, ni la agonía visceral que había pasado meses imaginando. En su lugar, solo hubo un inmenso silencio resonando en mi alma, de ese tipo de quietud que llega después de un largo y agotador asedio.
Me llamo Catherine. Tengo treinta y dos años, soy madre de dos niños hermosos y confundidos, y desde hace cinco minutos, la exesposa de David. Fue el hombre que una vez me susurró promesas de refugio eterno contra mi piel, solo para cambiar ese refugio por la emoción barata de una vida secreta.
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Apenas había levantado la pluma cuando el teléfono de David estalló en sonido. El tono era inconfundible, una melodía que había llegado a detestar. Ni siquiera se molestó en guardar las apariencias. Ahí mismo, frente a mí y al mediador de rostro pétreo, su voz cambió a un registro de dulzura nauseabunda que no le había escuchado en años.
—Sí, ya terminó. Voy para allá ahora —murmuró, evitando mi mirada—. El chequeo es hoy, ¿verdad? No te preocupes, Allison. Toda mi familia va a reunirse con nosotros allí. Después de todo, tu hijo es el heredero de nuestro legado. Vamos a ver a nuestro niño.
El mediador empujó hacia él las copias finales. David ni siquiera las leyó. Garabateó su nombre con un trazo brusco y dejó caer la pluma sobre el escritorio con un desprecio ya ensayado.
—No hay nada que dividir —dijo, dirigiéndose al mediador como si yo fuera un mueble desechado—. El departamento era un bien prematrimonial mío. El coche es mío. En cuanto a los niños, Aiden y Chloe, si ella quiere llevárselos consigo, que lo haga. Será menos problema para mi nueva vida.
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Su hermana mayor, Megan, estaba junto a la puerta como una centinela del rencor.
—Exactamente —intervino, con una voz lo bastante afilada como para sacar sangre—. David va a casarse con una mujer que sí le está dando a esta familia un hijo varón. ¿Quién querría de todos modos a una ama de casa usada con dos hijos a cuestas?